jueves, 6 de noviembre de 2008

Por el Caribe

Después de una visita exprés de Ecuador pasando por la calurosa Guayaquil, la prestigiosa Cuenca y la admirable ciudad de Quito, llegué de este viaje maratónico a las puertas de Colombia, cansado.
Empiezo a extrañar mi país, mi familia, mis amigos, los partidos de fútbol del domingo, un clásico entre Barcelona y el Real Madrid con una goleada tremenda del Barcelona, un simple café con leche, un bocadillo de lomo con queso leyendo el periódico, unas salidas nocturnas a comer en un restaurante gallego y luego seguir con uno o dos copazos, que sólo unos lugares madrileños conocen el secreto, mi casa acogedora, mi cama grande, mis despertares tormentosos antes de ir al trabajo, hasta mi trabajo. Me faltan fuerzas para ir volando por toda América, me falta oxígeno para encontrar lo que estoy buscando. Afortunadamente, este oxígeno lo voy a encontrar en la prestigiosa Colombia. Qué país, pero qué país que es Colombia. Como de costumbre en este viaje, la casi inexistencia de turistas hace que esta parte del continente tan temido por conflictos exteriores, con fama estropeada, estereotipos dañinos y exagerados, es un verdadero paraíso por su naturaleza, pero también por su gente deliciosamente hospitalaria, su cultura ricamente interesante, su forma de hablar ufff no marica más bacana que el putas! Deambulando por las calles la gente se ríe, camina con una sonrisa pegada a la cara, bailando, disfrutando de la vida que ha recibido. La salsa, el vallenato, la cumbia revientan por las calles animadas y coloradas, con sus negocios callejeros, sus jugos con frutas desconocidas del viejo continente. Un país con problemas, es cierto, pero un país festejando la vida, donde un visitante se queda enganchado por la alegría y la sencillez que se respira por todo el país.



El viaje empieza por Ipiales donde, por falta de tiempo y por haberlo visto en un viaje anterior, se esconde la curiosa catedral de las Lajas incrustada en la roca. Pasto, Popayán : ciudades de alma andina y corazón Caribeño hasta llegar a San Agustín, aislada en las montanas. Esta ciudad tiene como particularidad estar rodeada por estatuas funerarias. Este lugar era, en la época prehispánica, una selva extendida donde se celebraba la muerte y las estatuas guardaban el lugar de descanso eterno de muchos pueblos de los Andes.



Medellín, capital del ron colombiano, ciudad de eterna primavera. Es una ciudad para rumbear, disfrutar de sus numerosos restaurantes y su amplia vida cultural. Se pueden ver muchas obras de Fernando Botero, esculturas en las calles, cuadros en el museo del mismo nombre.
Vi una exposición de fotografía que reflejaba bien la doble faceta de Colombia. Revelaba la alegría de unos ciudadanos en unas partes del país donde ocurrieron tragedias relacionadas con el conflicto armado, algo que no se puede ocultar pero que el pueblo colombiano ha sabido sanar con fuerza moral e inmensa solidaridad.





Luego rumbo al Norte. El Caribe Colombiano, Santa Marta, el Parque Nacional Tayrona con un aguacero en el cual se ahogaría un pez y la turística pero extraordinaria ciudad de Cartagena. Aunque lo turístico fecunda un ambiente más tenso, menos sincero, pobreza más visible, desigualdades sociales muy notables, Cartagena sigue siendo una hermosura sin comparación en su estilo : la ciudad fortificada, por ser puerta de entrada en Sudamérica desde el Caribe, tiene una elegancia colonial con sus balcones colorados colgados en las calles estrechas de la ciudad, sus plazas y patios sombreados por árboles de hojas anchas. Un espectáculo que no hay que perderse.
El viaje por Sudamérica se acaba aquí. Estoy esperando que el velero que me lleva hasta Panamá se vaya pensando en todo lo vivido recorriendo el hemisferio sur. Tantos recuerdos en tan poquito tiempo. Me acuerdo de mis primeros días en Brasil, parece que fue hace una eternidad, tantas cosas distintas, costumbres diferentes, paisajes contrastados y cuantas personas encontradas en el camino. Unos encuentros efímeros con poco interés, encuentros donde se preguntan siempre las mismas cosas : de dónde eres? Qué has visitado? Cuánto tiempo te quedas? Y otras personas con quien se profundiza más, con quien se instala una confianza desde los primeros instantes hasta que los caminos se separen. Se intercambia el email, un abrazo fuerte y quien sabe, nos veremos un tu país o en el mío. Y después de unos días se baja el ánimo, unos se olvidan rápidamente otros se quedan en la memoria para siempre. Tantas personas diferentes, unos viajando, otros viviendo desde siempre en el país, otros que se quedan trabajando para una temporada, unos que ni tienen el tiempo para desconectar por quedarse solamente dos o tres semanas con una parte de ellos mismos que se ha quedado en el lugar donde viven y trabajan. Otros totalmente desconectados de su vida anterior, cuya vida es un pasado lejano por haberse quedado tanto tiempo viajando. Lo efímero de esas relaciones, de esos viajes. Uno llega y se va exactamente como ha llegado. En cada ciudad es lo mismo, una vida a toda velocidad, corriendo por todos lados, gente de distintas raíces y culturas, viviendo a muchos kilómetros de distancia se parece en su actitud y un día se dan cuenta que el tiempo se dilató y se comprimió como un acordeón hasta perder esas nociones temporales y acercarse de la jubilación sin haber cumplido ideales tantas veces mencionadas en el pasado (Voy a hacer eso, cumplir este reto etc…).
En las ciudades por las que pasé, me imagino vivir allí, como sería mi vida allí, más feliz? con los mismos ideales? buscando las mismas cosas? Miro a este chico en el bus, a esta señora de ….. trece años con su bebe en sus brazos, esta pareja caminando por el malecón, este caballero huyendo al norte para buscar mejores condiciones, esta señora viviendo en los mejores barrios de Lima quien no sabe lo que pasa en las calles de su ciudad y sin embargo tiene miedo de todo y todo el mundo, este niño indigente que no quiere comer en mi mesa porque le da vergüenza, no pertenece a esa mundanería.
En cada ciudad es la misma historia, somos todos iguales sin serlo, intentando diferenciarnos de los otros para brillar más y llenarse de un placer egocéntrico. Muchas críticas entre vecinos, entre razas, entre pueblos, entre países, cosas ficticias y sin sentido ninguno. Alguien decía “Yo brindo por Perú y por América Latina” pero por más alianzas que tenga América, cómo unir a un continente cuando los países no se ayudan entre ellos por fines económicos, para que se vean mejor que los demás a nivel mundial. Puede ser que eso sea resultado de un fuerte nacionalismo, con un orgullo de pertenecer a tal país, sin embargo, eso también ayuda a que los ciudadanos del mismo país sean más unidos.
Tantas cosas que ver, tantas cosas que aprender en este continente tan apasionante. Es una verdadera delicia viajar aquí, los estereotipos desaparecen por ver cosas tan extremas, tan diversas, sin ningún problema de seguridad (por lo menos hasta ahora), con gente casi siempre lista para ayudar. Habrá que vivir realmente aquí para entender las complejidades de este continente, los resentimientos de hoy y de mañana, las uniones y desuniones entre países, las corrupciones discretas, las lealtades presentes : tantas cosas que hacen que Sudamérica sea única y uno la ama por ambas especificaciones : tanto por su lado oscuro como por su lado radiante.

4 comentarios:

costy dijo...

Ya lo encontré!!!
me gusta lo que escribes de mi Pais, lo encantadora que puede llegar a ser la gente, lo amable y hospitalaria etc, bueno de todas formas esa es nuestra mayor riqueza creo, estoy feliz que te lleves esa impresion y que te hayas sentido seguro viajando por mi linda colombia, que no sabes como la extraño!!!
y muchas felicitaciones por tu escritura de verdad que lo haces muy bien! tienes un vocabulario super rico hasta pareces colombiano jejeje porque sabes que tenemos el mejor castellano del mundo.. en fin escribes muy lindo y tenias razon: me encanto lo que escribiste!!
un abrazo mi Pierino ciudece mucho!!

Beatriz dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Beatriz dijo...

Yo soy de las que se deja un trocito de corazón en cada viaje, me imagino viviendo en ese sitio,y añoro cada lugar que he visitado...y como buena latina de sangre caliente, no me olvido de esas pocas pero muy especiales personas con las que conectas al instante, y recuerdas toda la vida, aunque el encuentro haya durado solo unas pocas horas...esa es la esencia de cada viaje.

Rémi dijo...

Muuuuuy bueno reup...
Dan muchas ganas de ir a Colombia, y de viajar como lo estas haciendo.

Un abrazo amigazo !!! En 4 meses más te esperamos para cerrar el viaje como se debe !!!